Una mañana desperté, mis ojos se posaron en mis zapatos viejos que aun reposan en un rincón del cuarto, envejeciendo en el retiro de sus suelas gastadas y una pregunta a recorrido kilómetros de nervios en mi cabeza, ¿Cuánto ha pasado para usar tantos pares de zapatos? descubro que ya no soy tan joven pero aun no soy tan viejo, mis manos se apresuran a iniciar este blog para poder leerlo cuando yo me desgaste y se borren recuerdos.